¿POR QUÉ YA NO HABLAR DE LA LUCHA DE LAS MUJERES?

¿POR QUÉ YA NO HABLAR DE LA LUCHA DE LAS MUJERES?

Por Luis Morelos

 

En toda sociedad tan dada a los discursos, hemos visto que muy pocas veces en relación a esta verborrea, se hace caso y se da seguimiento a lo que proponen las palabras. Este año se caracterizó por el tema del acoso sexual, y se habló hasta el cansancio, pero vale preguntarnos si hubo un castigo justo para los victimarios. Por todos lados ha habido quejas, en España, en Estados Unidos, en Inglaterra, la lista de países es larga, lista en la que desde luego está incluido México. Y la inmensa mayoría de quejas han sido sólo eso, exclamaciones, llantos, maldiciones. La justicia es sorda.

 
En su buen español, que además es ameno, el escritor Javier Marías, dijo que ya no se hable tanto de los mismo en relación a las mujeres, y que sobre todo son ellas las que insisten. Es mucho lo que hay que corregir, pero para el señor Marías, ya estuvo bueno de seguir con la misma prédica. En parte tiene razón cuando se ha cansado con la misma canción, pero lo malo es que no ha cambiado en mucho la situación en desventaja de las mujeres. Vino hace años la corriente de la “liberación femenina” y por un tiempo se repartió por el mundo esta presión. Las posiciones en los trabajos, en la política, en los negocios, etc., se pensó que en mejores condiciones les correspondían a las mujeres, que como se les había permitido.

 
De pilón, en el lenguaje se les abrieron puertas con eso de decir niños y niñas, ciudadanos y ciudadanas y todo lo que usted ya sabe, Ya hasta en Chile, se llegó al colmo de expresar fiestas matrias y patrias, en una cursilería exagerada. En la sociedad y en el hogar se realizó un cambio, cambio que aún está incompleto pero día con día se refuerza más la lucha de las mujeres. Sin embargo, esa batalla contra el acoso sexual parece que no avanza; son siglos y siglos de aprovecharse de las mujeres. Y en este renglón hay una cuenta pendiente que se tiene que saldar, y que no tiene por qué parar en sus demostraciones de rechazo. Este año, se desenmascararon a algunos poderosos de la pantalla y del mundo del espectáculo en general, pero no se ha hecho gran cosa hasta la fecha por hacer lo que se tiene que hacer: actuar con la ley en la mano.
Y como se dice, mejor hay que crear escuelas que cárceles, entendemos que se debe comenzar por educar a las nuevas generaciones en el respeto hacia la mujer; ahora, las cárceles son el mejor remedio, en tanto se educa a los niños y a los jóvenes en la importancia, en la necesidad imperiosa de portarse como seres decentes y razonables en todos los sentidos, abarcando el de no abusar de su condición da varones para acosar de una y otra forma a las mujeres. Todo viene desde el hogar y el aula, no hay otra raíz, como tampoco hay otra esperanza de salvación, si esta no procede esencialmente de la escuela. Hay que acostumbrarse a ver a la mujer como un ser igual a nosotros, los hombres, al margen de si es físicamente más débil o no.

 
Por ese lado, sí se debe insistir e insistir hasta el cansancio en todos los foros, en toda oportunidad de demostrar esa conducta inmoral, que fluye por muy distintos senderos, con su veneno. En la escuela, la oficina, los consultorios médicos, con los sacerdotes, etc. Está bien, Arthur Shopenhawer, el filósofo alemán en su libro “El amor, las mujeres y la muerte”, manifestó que “la mujer es aquel ser de cabellos ​largos e ideas cortas”, y fue un concepto que se divulgó por todos lados en su tiempo, y aún en el nuestro. Y todavía más, el señor dijo cosas, como el que no había que confiar mucho en la mujer, por ciertas y tales razones. No obstante, las ideas de muchos a favor o en contra de la naturaleza de la mujer, no nos autorizan a tratarlas como objetos que están al alcance de nuestras manos, con el solo uso de nuestra voluntad. Hay quienes se escudan en el trato provocativo o la forma de vestir de ciertas mujeres, pero eso es cosa que no nos importa a los hombres.

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