MEADE Y PEÑA NIETO, VENDERÁN SU ALMA AL DIABLO PARA PODER GANAR

MEADE Y PEÑA NIETO, VENDERÁN SU ALMA AL DIABLO PARA PODER GANAR

Por Luis Morelos

En el colmo del cinismo y la desverguenza, José Antonio Meade lanza sus discursos en la campaña para ser nombrado candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República. Dice además, con pleno orgullo, que no es priista, ante la sorpresa de los sinceros e ingenuos militantes de esta partido, bueno, de los que forman parte de la base, porque los que no pertenecen a esta, sino a la cúpula, no tienen absolutamente nada de ingenuos ni de sinceros.
Meade debería ir como candidato independiente, no como abanderado de un partido al que nunca ha pertenecido, organización que además le causa pena a este señor y nos causa pena y rabia a la mayoría de los mexicanos. A dónde ha llegado el PRI en su altísimo grado de corrupción, a escoger a alguien que no es militante suyo para nombrarlo su candidato, y fue por dos razones principales, primero porque no contaba con una figura de peso para que lo representara, y segundo, porque sabe muy bien que la gente no quiere a un priista de nueva cuenta en la primera magistratura del país. Así de claras están las cosas, lo que debemos comprender usted y yo, todos.
Cómo estará la cruda realidad en el PRI gobierno, que se optó en una jugada tramada con mucha anticipación, desde con meses antes del destape, por corregir los estatutos del “invencible”, permitiendo así que pudiera ser candidata una persona que no era militante. Así, a la desesperada, como las muchachas que sienten que “se les puede pasar el camión”, y que en esa circunstancia deciden “seleccionar”, al que sea, hasta al más feo, con tal de no quedarse solas el resto de su vida. Y en esa decisión valiente y arriesgada para no perder el dominio del país, el tricolor presentó al “padre del gasolinazo”, como su gallo. No le importó que nos haya perjudicado este señor con sus medidas a millones de mexicanos, al subir el precio de los combustibles en enero de 2017, en la forma monstruosa en que lo hizo. Más de un 20 % subió el precio de las gasolinas verde y roja y el diesel. Aún con ese costo, corrieron el riesgo en el PRI gobierno, abrigando tal vez la esperanza, de que como los mexicanos todo olvidamos o lo perdonamos, porque llevamos la nobleza o humildad grabada en nuestro pasado indígena, se podría salvar ese escollo.
Un gran reto para Meade es defender lo indefendible; ahí sí de plano, qué se puede hacer para vender un discurso, siendo que además este señor no priista, no tiene cara para presumir de ser un buen candidato. Podrá ser muy capaz en su materia, que es la de los centavos, entenderá muy bien los movimientos financieros, pero eso no es garantía de que nos pueda llevar por buen camino, si llegara a ganar; por angas o por mangas, no funcionaron sus estrategias en Hacienda y con ese antecedente, aunque haya sido un chavo “diecero” en la escuela, en la práctica nomás no funcionó y de pilón coronó su función con el alza brutal a los precios de los combustibles. Esta semana, el gran defensor de lo indefendible, el señor protector de César Duarte, Enrique Peña Nieto, dijo que de fuera, sí ven que México va bien, debido a no hacerle caso a las redes sociales en las que según este corrupto, se distorsiona lo hecho por su gobierno.
También esta semana, se agredió a la caravana de Chihuahua que va rumbo a la Ciudad de México a hacer patente su exigencia para extraditar a Duarte y para que se le entreguen a nuestro estado, los más de 700 millones pendientes. El suceso tuvo lugar en Gómez Palacio, Durango, y desde luego fue obra del PRI, en un intento alucinado por frenar el avance de esta caravana que con tintes o no electorales, basa en la verdad sus reclamos. A estas alturas, ya no se puede detener el descubrimiento de la corrupción que ha inundado al país, y que tendrá fatales consecuencias para el PRI en el 2018. En pocas palabras, el punto de vista del pueblo, es que se va a votar en favor de Andrés Manuel López Obrador porque no se quiere que gane el PRI. Así de claro y contundente: no se busca el triunfo de alguien sino la derrota de alguien. Así va la historia de México al presente.

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