«Todo sea por la belleza»

El siguiente es un divertido cuento/anécdota/aventura, acaecido, ¿dónde más? En Cd. Juárez, alrededor del año 1979. Sin embargo, la historia la escribí en abril 05 del 2014, si mal no recuerdo fue el segundo de mis cuentos. He querido publicarlo, pero, lo traía extraviado, en Google no aparecía, hube de recurrir al archivo de mi correo Yahoo y… ahí estaba. Mil gracias por la atención que ponen a mi trabajo periodístico, como dice Vicente Fernández, mientras no dejen de aplaudir, no dejaré de escribir. Próximamente con nuevas historias, ahora si inéditas, ya he flojeado mucho.
                                                                 «Todo sea por la Belleza»
Eran los finales de los años 70’s, trabajaba para una de las primeras maquiladoras de nombre Allen Bradley asentadas en mi querida y más grande frontera de Chihuahua, Cd.Juárez (aunque ahora con Okinawa Chih. tengo dudas) en ese entonces se decía la cuarta ciudad más grande de la república.
Laboraba como supervisor de control de calidad, para los familiarizados con el ambiente maquilleril no necesito explicar lo que eso conlleva. La organización de esa empresa A.B hacia que los empleados nos viéramos más como una familia, de entre muchos sobresalía un compañero supervisor del mismo departamento (calidad) el cual era todo un personaje (actualmente, 35 años después es un importante ejecutivo en esa industria), de nombre Oswaldo, aunque mexicano era (es, supongo) un tipo rubio y de ojos verdes, dueño de un gran carisma y muy admirado por su historia de esfuerzo y lucha; siendo él muy joven su padre falleció, tomando Oswaldo su lugar, echándose a cuestas la obligación de velar en todos aspectos por sus muchos hermanos menores que él, un gran hombre sin duda.
Oswaldo tenía grandes dotes histriónicos, sabía actuar varios papeles y sabía tener empatía con la mayoría del personal de la planta. Un buen (es relativo lo de buen) día llega a la ciudad un novedoso producto que ofrecía «Arreglar» la nariz en cosa de segundos, lo sorprendente, sin cirugía y a precios bajos, ofrecía la inclemente e incisiva publicidad. Mostrando como arma de ventas la clásica fotografía de «Antes y después».
En mi caso debido a mi nariz aguileña era imprescindible al menos ir a investigar, Oswaldo, cuya nariz si bien era grande no necesitaba arreglo alguno, acaso una reducción, pero dada su personalidad inquieta y perfeccionista consigo mismo, me invita a ir a esa clínica y averiguar de que se trataba.
Trabajaba yo en el tercer turno (noche) y él en el segundo (tarde) por lo que decidimos ir cómo a las 12:00 hrs. al lugar, para, de ser posible estrenar nariz ese mismo día. Las oficinas estaban ubicadas en pleno centro de la ciudad, calle Ramón Corona a unos pasos de la 16 de septiembre, justo enfrente del antiguo Centro Médico de Especialidades, el misterio-secreto consistía en unas prótesis nasales, mismas que apoyadas en la base del órgano olfativo en la parte interna por supuesto, levantaban física y mecánicamente la punta de la nariz dando una nueva fisonomía al instante ¿incómodas? Si, ¿no dejaban respirar bien? También, pero… ¡todo sea por la belleza!
Inmediatamente compré mis prótesis, como decíamos antes «Para comer aquí» me las dejé puestas. Oswaldo a ver lo inmediato de los resultados, se encarama en el diván para que le sean administrados los suyos., le prueban los #2 chicos, los #3 chicos, los #4 parecen irle bien, cuando… empieza la tragedia. Una de las prótesis ha desparecido ¿se cayó? Quizá, nos dimos a la infructuosa búsqueda con resultados negativos ¿y si se le fue por la fosa nasal? Oswaldo empieza a ponerse nervioso, lo que era facilísimo y nada raro en él, como un rasgo distintivo de su exaltado carácter.
Me pongo irascible y exijo atención médica para mi buen amigo, el que en ese momento estaba al borde de una crisis nerviosa, el encargado del negocio se asusta y propone ir a el Centro Médico de Especialidades para que lo atienda un otorrinolaringólogo ¡uf! Decididamente era un auténtico «Día de perros» para nosotros, el consultorio estaba atestado de pacientes, además era tétrico, mal iluminado, húmedo, lóbrego, lo peor… era el Otorrino… quien parecía sacado de una película de «El Santo contra las momias«, de tez cadavérica, alto, delgado y arriba de los 60 años.
Se entera de lo delicado del caso y decide darnos prioridad, nos hace pasar a su consultorio y nos explica las posibilidades, primero necesita hurgar en las cavidades nasales del paciente (en Oswaldo esa palabra era improcedente) por si se halla alojado en las cavidades internas, segundo, si se fue al estómago no habrá ningún problema siendo expulsado en las deyecciones, tercero si se fue a los pulmones habría peligro inminente de muerte, cuarto dada la posición en que le pusieron el artefacto se pudo haber ido al cerebro lo que implicaría muerte segura.
Mi amigo en esos momentos estaba casi en shock, en los límites del paroxismo… y faltaba lo peor, toma el galeno unas pinzas quirúrgicas que por medio de una maroma, cuando apretaba, estas abrían la fosa nasal, las aplica sin piedad, yo miraba espantado cómo los bordes de las fosas nasales amenazaban con reventarse al abrirse estas en un diámetro cercano a los 4 centímetros, Oswaldo nunca enfrentado al dolor físico, sufrió ese día lo que los hombres sospechamos que es el dolor de parto.
El punto culminante… después de largos minutos de agonía, dice el doctor triunfante ¡ya lo vi! Toma otro tipo de instrumento (pinzas) y procede a extraerlo, sujeta ese cuerpo extraño y yo vi como el ojo de mi amigo se hundía, este grita con un alarido pavoroso, el inepto médico se había equivocado y había jalado un pliegue interno conectado con el ojo, los pacientes que esperaban consulta huyeron despavoridos, me encarbono y reclamo airadamente al médico su impericia y doloroso error, casi llegué a los golpes con él, por cierto ¡no cobró la consulta y perdió varios pacientes!
La conclusión., salimos de ese lugar, yo con mi perfil griego, Oswaldo con su nariz 3 veces más grande que cuando llegó, un Rodolfo El Reno cualquiera. Pasó semanas revisando su excremento, el artefacto nunca apareció, la nariz volvió a sus dimensiones normales y nos turnábamos para contar la aventura a un número cada vez mayor de público.
La moraleja; «Nunca expongas la salud en aras de la hermosura».
Libro recomendado de la semana.
Hoy el elegido es, «Venganza en Sevilla» de la autora española Matilde Asensi. La novela está ambientada entre los años 1607-1608 (siglo XVII) y eso la torna muy interesante, debido a que relata con lujo de detalles las travesías entre La Nueva España, Cartagena de Indias, Cuba y España. Nos habla de sus costumbres, vocablos, monedas de curso legal y vestuario entre otras cosas. La protagonista llevará a cabo una gran venganza por la cruel muerte de su padre a manos de una poderosa familia, al morir su padre jura venganza y en el aniversario de su asesinato, ultima a cuatro hermanos en el mismo día. Debo hacer una pertinente aclaración, desde mi punto de vista la novela peca de ingenua, parece más un cuento para niños con acciones predecibles y simplonas que la alejan de una literatura de calidad, sin embargo, para aquellas personas que no les gusta complicarse la vida atando cabos o descifrando tramas, resulta una lectura entretenida.
Respetuosa nota luctuosa
Por la tarde del día 01 de mayo, dejó este plano terrenal a los 88 años, un hombre sabio de nombre José (Pepe) Murakami Parra, su deceso fue como su vida misma, de una manera apacible y sosegada. Con mucho orgullo relato que era un asiduo lector de mis participaciones periodísticas y algunas veces me aconsejó con la mesura y educación que lo caracterizaba. Pepe fue un destacado Maestro Masón de manera que su fallecimiento cimbró a la masonería chihuahuense, incluso la máxima autoridad de la misma que es el Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia Cosmos del Estado de Chihuahua Dr. Marcos Delgado Ríos, me pide que extienda sus sentidas condolencias a la familia, amigos y VVHH del Oriente de Nuevo Casas Grandes, nos comunica también que se le rendirán los homenajes conducentes a tan distinguido MM, recuerda que en varias ocasiones nuestro Pepe Murakami ocupó una plaza en el Gran Cuerpo de la institución. Lo tuvimos de cuerpo presente en el taller que compartimos las Respetables Logias Simbólicas; Luz del Norte #33, Paquimé #84 y Viernes 13 #90, donde se realizó una tenida fúnebre con la presencia de su apreciable familia. Nuestro VH ya ocupa una plaza en el Eterno Oriente, muere físicamente, sin embargo su esencia y luz incandescente queda con nosotros, QEPD José Murakami Parra ‘D, ‘D, ‘D ALGDGADU
«Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello»
Henry F. Amiel
«La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla»
Hermann Hesse
«La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica»
Jorge Luis Borges
José Cruz Pérez Rucobo

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