Milagro a un descreído

Esta semana en un acto de profundo agradecimiento, escribo un hecho verídico e inusitado que me deja un gran aprendizaje y beneficio, espero que al leerlo les resulte inspirador y provechoso a algunas personas. El escepticismo a ultranza (como en mi caso) debe tener un dique de contención, no debemos ser tan incrédulos que no reconozcamos los milagros aún cuando estos toquen a la puerta.
Milagro a un descreído
Es de sobra conocido, y tiene cierta lógica, que para que un milagro ocurra se necesita una alta dosis de fe, en mi caso adolezco de esa condición, no soy un hombre de fe aunque me gustaría serlo, sería hermoso confiar en que al término de esta vida, hay un más allá, eso le da un carácter de inmortalidad al alma humana. Es sumamente triste para los que no compartimos esas creencias, suponer (nadie sabe) que se acaba la vida y… se acaba todo.
Aunque muy a mi estilo estoy divagando, el relato que hoy me ocupa es de alegría no de muerte ni nada que se le parezca, si acaso de dolor, de inmenso dolor físico, hasta que inmerecidamente se operó un milagro en mi, yo que reiteradamente me quejo de mala fortuna.
Hagamos historia.- hace aproximadamente dos años y medio, cambié mi sempiterno uso de botas vaqueras o cómodos zapatos de trabajo, por zapatos de vestir, necesitaba una mejor presentación para cumplir con «X» trabajo. Ahí suponemos que se originó el problema, al cambiar el punto de apoyo del pie (aunque solo fue el derecho). Empecé a sufrir atroces dolores en la rodilla derecha, fui con médicos que me recomendaron primeramente radiografías.
Había un antecedente más, aquel que siendo joven, tuve dos graves accidentes de motocicleta y en ambas ocasiones precisamente la rodilla izquierda fue la que sufrió las contusiones, nunca me atendí, hice decidia, y dejé pasar el tiempo, luego entonces, es posible y el tiempo me cobrara esa factura. Me espantó la posibilidad de ser intervenido quirúrgicamente por dos razones; en muchas ocasiones no quedan bien según varios testimonios, y la principal, la ausencia total de recursos económicos. Dos años y medio duró mi martirio, consumí grandes cantidades de pastillas para el dolor, todo tipo de pomadas y… no disminuía un ápice el mismo.
Rengueando (omito decir cojeando para evitar malos entendidos) primero leve y después ostensiblemente, estaba pues, abatido moral y físicamente. El clímax llegó este pasado jueves 20 de junio, cuando creí que todo estaba perdido, prácticamente no podía caminar, me visualicé en silla de ruedas.
Antecedentes del milagro.- mi hijo Norberto (hoy residente en Buenos Aires) en su práctica de taekwondo sufrió un doloroso esguince, siendo diligentemente curado por el Abogado y Reflexólogo José Manuel Zamarrón Rascón de eso hace cosa de nueve años, tiempo después mi pequeña Geraldine tuvo un percance similar y también fue sanada.
¿Qué se puede perder? Mi esposa Carmen tenía tiempo insistiendo en que visitáramos al buen amigo de la familia, el ya mencionado Lic. Zamarrón. Finalmente el viernes 21 de junio lo hicimos y… se operó lo que considero fue un auténtico milagro. En menos de un minuto me curó, se preguntará, ¿cómo es eso posible? Me pidió que me quitara el zapato y subiera el pie en sus rodillas, hurgó en la planta de mi pie determinados puntos y los presionó con su pulgar con mucha fuerza, al cabo de pocos segundos me dice, «Ya está, traía un poco desviada la rótula, ya se acomodó».
No fue sugestión, lo sentí de inmediato y hasta la fecha mi rodilla está perfectamente. También me recetó unas pastillas para desinflamar, le pregunté que como sabía que estaba inflamada, me indicó que el mismo punto de la presión se lo hizo saber, que ahora el dolor lo iba a traer sólo en la mente hasta que ella se habituara a mi nueva condición de no dolor.
Por ello titulé este escrito como «Milagro a un descreído». Ahora bien, las cosas no son tan fáciles como parecen, José Zamarrón tiene profundos estudios de Reflexología, conoce a profundidad el cuerpo humano, sus terminaciones nerviosas y utiliza además la ancestral filosofía del Reiki, misteriosa ciencia metafísica de transferencia de energía, estuve en las mejores manos, fui curado por un hombre sabio, con todo y mi escepticismo.
Necesito dejar algo muy claro, no trabajo para este hombre, ni llevo comisión alguna, sería muy mezquino de mi parte, lo dije al principio, me mueve un inmenso agradecimiento a José Zamarrón. Además un deseo de que muchas personas puedan ser aliviados de sus sufrimientos sin lo invasivo y costoso que suele ser una operación quirúrgica. Esta es una buena alternativa de salud, no creo que cure todo (sería imposible), sin embargo, en una visita él podrá valorarlos, lo encuentra en Av. 20 de noviembre # 3510 Col. Burócrata (a una cuadra del Libramiento Luis R. Blanco) NCG Chihuahua.
Libro recomendado de la semana
Hoy recomiendo, «El miedo a los animales», del autor mexicano Enrique Serna. La novela es una extraña combinación entre el mundo de la policía y el mundo de la intelectualidad, pensarán muchos de ustedes, no tiene nada que ver, sin embargo el escritor tiene otros datos. A raíz del misterioso asesinato de un escritor marginal, el ex periodista Evaristo Reyes convertido en policía judicial por azares de la corrupción, desea lavar las culpas de su pasado y decide resolver este crimen en donde termina involucrado y sentenciado como culpable. No se equivoque, el título nada tiene que ver con la historia, es, digamos que circunstancial. Enrique Serna devela algunos Modus operandi para otorgar premios literarios que muchas veces no tienen relación con la calidad de los textos sino con amiguismos, filias, fobias, pasiones y envidias diversas.
Ahora entiendo el porqué cuando he enviado artículos, ensayos o cuentos a determinados concursos, estos son desechados, así, sin más, luego leo al ganador y…mmmhhh, Lectura altamente recomendable.
«Lo más increíble de los milagros es que ocurren»
Gilbert Keith Chesterton
«Si es un milagro, cualquier testimonio es suficiente, pero si es un hecho, es necesario probarlo»
Mark Twain
«Un milagro es la violación de las leyes de la naturaleza»
David Hume
José Cruz Pérez Rucobo

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