La república de carbón

Se preguntará usted, ¿es acaso una república del África más desvalida y alejada del progreso? Porque hay algunos países de ese continente que pobres, lo que se dice pobres y subdesarrollados no son. Fíjese estimado lector que no, me refiero a nuestro querido México, podría volver la interrogante, ¿ah, el México de finales del siglo XIX? Tampoco, me refiero al hasta el fatídico 2018 la Economía 14 del mundo, por salud mental, no investigo que posición alcanzamos hoy, que como dijera el tango, va «Cuesta abajo en su rodada…». No comprendo por qué nuestro país va en sentido contrario al progreso, a la civilización, al sentido común y producimos la energía que necesita para su marcha nuestra nación en base a elementos fósiles y contaminantes como el combustóleo y el carbón, ¿más atávicos y regresivos, imposible? El medioevo se instaló en nuestra vituperada internacionalmente (por su torpe y risible gobierno) nación. Que energía eólica, solar, nuclear, nanotecnología, ¡pamplinas! Aquí lo que rige es el pasado, lo vetusto, lo antiguo. Ya no volteamos y ambicionamos tener ciudades como: Dubai, Sydney, Mónaco, París, Atlanta o Montreal, lo nuevo es tener las aspiraciones puestas en La Habana Cuba o Caracas Venezuela (la ciudad sigue siendo hermosa, no así su nivel de vida). 
 
¿Pasito tun tun? Al paso que va ysq, es seguro que esté planeando el regreso de los Blockbusters y pretenda eliminar Netflix. El regreso además de los cartuchos de 8 tracks y ¿por qué no? De los discos de acetato, de 33 y 45 revoluciones, en su visión aldeana del mundo no caben plataformas como Spotify, Uber, Amazon, You Tube y otras redes sociales, bueno, incluso el Internet, ¿por qué no volver al uso del correo por carta? No dude y su ambición sea que la movilidad terrestre se realice en caballos, mulas o burros en lugar del automóvil y que la gente sólo tenga un par de zapatos ¿lo soñé o es cierto? Este antediluviano especímen pretende regresar en la historia, está absolutamente trastornado y es peligroso. Es muy amado si, por los que son igual que él, quienes aborrecen la cultura, la ciencia, la tecnología, la disciplina,, la honestidad, el emprendedurismo, el estudio, el desarrollo, el trabajo, el orden, el progreso incluso… el baño diario. Eso es ysq, aún estamos a tiempo de no convertirnos en Venezuela, ¡queramos a México! ¡Fuera ysq!
 
Lo clásico, ¡de Guatemala a Guatepeor! «Decisiones Difíciles».- el martes 19 de mayo por la mañana, el periodista Luis Cárdenas entrevista al expresidente Felipe Calderón Hinojosa, quien presenta su libro (a él si se le cree que lo haya escrito, no como otro…) «Decisiones Difíciles». El expresidente luce sereno, inteligente, lúcido, preparado (otra vez, no como otro). El periodista como acostumbra fue incisivo y casi al final de la entrevista le pregunta, ¿volvería a contratar a García Luna? Calderón contesta con inteligencia y mesura a la provocadora pregunta con razonamientos incluso brillantes, termina luego dándole algunos tips al pobre hombre que hoy mal gobierna. Ante cuestionamientos tales en una entrevista durante lo que él supone su reinado o después de este, imagino al diminuto ysq: colérico, demudado, violento, ojos llorosos, insultante, haciéndose la víctima de los neoliberales, inventando un «Compló» (se dice complot, pero el no sabe hablar, ni gobernar), histérico (tengo dudas que ese término se le pueda aplicar a un hombre), devastado, presa de un ataque de nervios… y demás ridiculeces. Aclaro, sólo lo imagino, presunción en base a su grotesca personalidad… Tanto que critiqué en su momento de fea manera a Fox, Calderón y Peña y apoyé al adefesio actual, «Que equivocado estuve». Hablando de decisiones difíciles, el primer domingo de julio del 2018, nuestro país se jugó el todo por el todo y… perdió.
 
«El reto de la modernidad es vivir sin ilusiones y sin desilusionarse»
Antonio Gramsci
 
«Dame Señor las fuerzas de las olas del mar, que hacen de cada retroceso un nuevo punto de partida»
Gabriela Mistral
 
 «Las peores decisiones en la vida son las que tomamos basándonos en el miedo»
Sherrilyn Kenyon
 
Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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