*La que filtró las fotos de Mario Vázquez *Nancy Frías *Carlos Olson

Las cosas dentro de la descomunicación social del Gobierno del Estado, la cual encabeza la ex periodista y hoy achichincle de la gobernadora Maru Campos, Adriana Ruíz, cada vez se ponen peor, y no sólo por su ineficiencia y estrategias ilógicas que rayan en lo absurdo.

 

Ahora el lado viene, por la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, y es que, el diputado Mario Vázquez Robles, coordinador del Grupo Parlamentario del PAN en el Congreso del Estado, y mano derecha de Maru Campos, ya se dio cuenta que fue una de las auxiliares de Adriana Ruíz, -la señora Nazareth Luna-, quien el pasado 5 de julio del 2016, se le fue a la yugular al coordinador de la bancada panista, cuando -Naza- reveló la fotografía del entonces dirigente del CDE del PAN, posando semidesnudo al lado de una jovencita de apellido Caballero, lo que le generó una oleada de críticas y problemas personales a Vázquez Robles, y otros medios de ahí sacaron la información.

 

Nadie sabe quién fue la mano perversa que hizo llegar al diputado Mario Vázquez la publicación de Nazareth Luna, en donde se criticaba con todo al entonces líder panista. Lo que queda claro, es que don Mario, ya puso la flecha en ese blanco, y no se la va a perdonar que por su culpa se filtraran esas fotos, mucho menos, cuando se trata de una figura irrelevante en la administración, pero que a sabiendas del batidero que le hizo, Adriana Ruíz, la jaló directito al equipo de confianza.

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A quien ya no soportan en la administración estatal, es a la ex funcionaria municipal Nancy Frías, actual servidora pública de la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común, quién a pesar de las instrucciones del titular de la dependencia, Nacho Galicia, la jovencita piensa que puede hacer y deshacer a placer.

 

Son muchos los funcionarios de esa dependencia, quienes se han quejado de Nancy Frías, porque desde su llegada a tomado una actitud déspota y casi casi, queriendo suplantar a don Nacho Galicia.

 

Dicen las mujeres de la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común, que la señorita Frías, tomó la costumbre de lanzarse contra quienes la critican, argumentando en todo momento, que la atacan por sus preferencias sexuales, sin embargo, las cosas no tienen absolutamente nada que ver con eso.

 

Por el contrario, el problema radica en la forma en que trata a sus subordinados y a los de otras personas, porque según comentan, se la pasa metida en otras áreas que no le corresponden.

 

Por cierto, también señalan que, en un principio, pensaban que era protegida de Nacho Galicia, pero ya todo mundo se dio cuenta que ni siquiera el jefe la soporta, incluso dicen, que le asignan tareas estúpidas, sólo para mantenerla lejos del personal y de los jefes.

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Hablando de los que nadie quiere; ahora fue el diputado Carlos Olson San Vicente, pues durante el evento de Maru Campos en la avenida Equus, al oriente de la ciudad, en donde funcionarios de diferentes áreas junto a la gobernadora, realizaron una audiencia pública de atención a vecinos, se quedó esperando las quejas e inquietudes de los colonos.

 

Se colocaron tres mesas principales, una donde atendía la gobernadora, otra con los diputados federales, y una más con el diputado local del distrito.

 

En la mesa donde estaba la gobernadora, había otra área en donde canalizaban a los ciudadanos para las diferentes áreas gubernamentales, entonces, todos tuvieron alguna chambita que resolver, luego estaba la mesa de los diputados federales, en donde por lo menos, entre ellos echaban cotorreo y recibieron a los dos o tres chícharos que ahí llegaron, pero la tristeza y lástima, la dio Carlos Olson, quien estaba en una mesa solito, y en toda la jornada, no recibió absolutamente a nadie.

 

El motivo es claro, ni el gabinete ni los diputados federales lo acoplaron, porque fue un simple acomodado de la nogocia entre Maru y Madero, es decir, nadie lo quiere, pero peor aún, los ciudadanos de su distrito no lo conocían, porque a decir e los propios colonos, ni en campaña se paró por el lugar.

 

Mientras todos le hacían al altruista y se hacían los superhérores, Carlos Olson, estuvo jugando con su pluma y su reloj, apenado y con severas preocupaciones sobre su futuro político.